martes, 13 de abril de 2010

LA ÉTICA EN POLÍTICA

Francisco Miró Quesada (Director)

LA EFICIENCIA NO DEBE ESTAR SEPARADA DE LA DECENCIA

Publicado en el diario El Comercio. Domingo 11 de abril del 2010


Si la política, en rigor el político, no es ética, entonces no es política. ¿Por qué esta asociación entre la ética y la política? En principio, la política como cualquier práctica humana debe estar sometida a la ética. Si esto no sucede, entonces el político se corrompe. La corrupción es una descomposición de nuestro comportamiento respecto a los valores en que creemos y decidimos practicar.

Ética y moral significan lo mismo: costumbre. Ética se deriva de la voz griega ethos y moral del latín mores. Para relacionar el comportamiento político con la conducta moral, tenemos que saber cuáles son los valores y la lista es larga. Mencionaremos algunos como la lealtad, honestidad, verdad, libertad, solidaridad, justicia, probidad.

El filósofo alemán Kant decía que “el hombre es un fin en sí mismo y no un medio o instrumento al servicio de otros hombres”. También afirmaba que “sólo las cosas tienen precio, los hombres no tienen precio porque tienen dignidad”. La ética del político consiste en respetar los valores antes mencionados, no instrumentalizar al prójimo, ni someterse al poder o al dinero. La palabra “precio” se refiere al costo de una cosa, pero también cuando una persona “se vende” por dinero o poder. Por eso muchas veces hemos dicho que los dictadores son inmorales porque atentan contra la libertad de su pueblo y la libertad es un valor.

Que el 44% de los encuestados por la Universidad Católica diga que prefiere un alcalde que haga obras aunque robe no me extraña en lo absoluto.

Hace tiempo que esto sucede, porque en los últimos años se ha producido un deterioro moral en nuestra sociedad. Pero también hay un alto porcentaje, felizmente mayoritario, que votaría por candidatos ético, honorables y transparentes. La polarización se produce no porque haya sido planteada por Lourdes Flores, sino porque es una expresión de la realidad. Cuando se trata de ética no funciona ni el relativismo ni el pragmatismo. Somos éticos en lo privado y el lo público, o no lo somos. Lo que sucede es que Lourdes Flores ha interpretado esa realidad.

No es correcto asociar pragmatismo, que es entendido en nuestro medio como eficacia, con corrupción. Una persona corrupta puede hacer obras, pero una persona ética también. En suma lo que se requiere son gobernantes éticos y eficaces. Es el ideal y los hay, los hubo en el Perú. Es cierto son pocos, pero constituyen un ejemplo a seguir en política.
Ellos hicieron lo que más o menos 2500 años Platón escribió en “La República”: “La única razón moral que justifica que una persona participe en la polis [la política] es su capacidad de servir a los demás”.

Es decir, sirvo con obras, es cierto, pero sirvo correcta y decentemente cuando mi comportamiento es ético. En consecuencia, los peruanos debemos votar por candidatos éticos que deben o deberán hacer obras. Un inmoral en el poder y un ladrón pueden hacer obras, pero harían más si no fueran corruptos no ladrones.

La docencia política es aquella que predica los valores en una sociedad cuando se gobierna dando el ejemplo de acuerdo con esos valores. El discurso político debe partir de la ética, de otro modo estaríamos admitiendo que el fon justifica los medios y si esta creencia se universaliza, la corrupción penetrará la vida pública como algo normal, lo que afecta el desarrollo moral, material y espiritual de la nación.

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